EL PRISMA VIOLETA: EL AMOR ** Ana Calafat ** Artículo  

Publicado por: Pandora

EL AMOR

¿EL AMOR?: cuántas definiciones, poesías e historias se han alimentado en nombre del amor. Más aún, ¿quién sabe en realidad que es el amor? Pero si algo está comprobado es que su duración es tan breve, tan efímera, como un suspiro, aunque las secuelas, es decir, el desamor, dura un tiempo más… Entonces… ¿para qué nos empeñamos en que el amor es maravilloso, siendo tan destructivo? ¿Acaso lo que nos sucede es que tenemos miedo a la soledad, o quizás, somos algo masoquistas? Lo uno o lo otro lleva al dilema de que en realidad llevamos en los genes el sufrimiento. Una de las frases más famosas es: “El amor todo lo cura”. ¿Qué cura? ¿Y si nos replanteáramos el amor de otra manera, sin exclusivas, repartiéndolo hacia toda la humanidad, en vez de hacia una sola persona? ¿Sería contradictorio en la sociedad de consumo que aprueba la pareja tradicional? Lo que pienso es que el amor no nos hace libres, creo que nos esclaviza de por vida hacia la otra persona y que tal y como está planteada la pareja en estos momentos, aunque la tecnología ha avanzado mucho, en algunos aspectos todavía somos casi primates.

El amor parte de uno mismo, entonces ¿por qué empeñarnos en oír que alguien nos diga te quiero para creer que nos quiere? Palabras, palabras. Sí, es verdad que la sociedad y nosotros mismos nos alimentamos de palabras, aunque ellas nos lleven al completo vacío de contenido. Nos empeñamos en intentar ser lo más desgraciados posibles, para esconder los más oscuros deseos del ser humano, como el miedo a la muerte, sin dejar en este planeta nuestra sucesión, aquí donde en realidad hemos sido tan desgraciados, dejando que nuestros hijos repitan la misma historia, por nuestro miedo a desaparecer de este mundo sin dejar huella alguna, y todo eso en nombre del amor. Somos incapaces de sobrevivir sin ayuda de alguien que nos alimente nuestro yo, sin saber que el propio ser humano está preparado para la soledad… ¿Hay algo peor que la soledad compartida?

“Si no haces eso es que no me quieres”, otra frase inquietante. ¿Por qué querer cambiar al ser amado? Si lo que realmente nos enamoró fue su personalidad, si queremos vernos en un espejo mejor debemos hacerlo correctamente y no a través de nuestros semejantes.

En nombre del amor cuánta y cuánta miseria esparcimos hacia los demás y más aún hacia nosotros mismos. Bien es verdad que el amor está en cada uno, así es que no vendría nada mal empezar por querernos a nosotros mismos, sin esperar nada de los demás, sin estar dispuestos a pagar un precio por ello. Una frase que siempre me ha gustado…”Haz el amor y no la guerra”. El eslogan de los famosos hippies, en los años sesenta, era realmente sincero y directo, y me parece que si lo practicáramos más, dejaríamos a un lado nuestro afán de perseguir encadenarnos, para demostrar con nuestras cadenas cómo disfrutamos de lo denominado amor para toda la vida. ¿No sería mejor sentirnos seguros con y sin compañía y no sólo rondar el denominado amor, para castrarlo con la impracticable convivencia?

Hay una frase de Ionesco: “Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen”. Como siempre nos une más la inseguridad que la auténtica seguridad en nosotros mismos. Entonces… ¿por qué valernos del amor para enmascarar nuestros más profundos sueños? “Amor, te quiero”, sinónimos de lo que realmente quiere decir en mayúscula AMOR…


CURIOSIDADES Y LEYENDAS DE SEVILLA ** Manuel Espinosa ** Historia  

Publicado por: Pandora

LAS ADONIAS

Las Adonias eran fiestas que se celebraban en la antigüedad en honor de Afrodita y Adonis. Eran guardadas con gran solemnidad entre griegos, egipcios y otras culturas helenizadas.

Duraban dos días y eran celebradas exclusivamente por mujeres. El primer día llevaban por las calles estatuas de Adonis dispuestas como cadáveres, realizando todos los ritos propios de los funerales, golpeándose y gritando lamentos, en imitación de los lloros de Afrodita por la muerte de su amado. El mito de Adonis, muerto por un jabalí y posteriormente resucitado, representa el ciclo anual de la vegetación. Las Adonias eran un ritual fúnebre en el que se celebraba la muerte del Dios y su posterior resurrección.

En el tiempo de las Adonias (junio o julio) las mujeres plantaban jardines de Adonis en canastas y tiestos planos, formados por trigo, cebada, lechuga, hinojo y otras plantas de germinación rápida, que dejaban en los tejados de las casas. Las imágenes en vasijas griegas muestran a las mujeres llevando estos pequeños jardines escaleras arriba hasta los tejados. Cuidadas por las mujeres, que las regaban a diario, las plantas crecían velozmente, pero también morían rápidamente debido a sus raíces poco profundas. Al final del octavo día los jardines se arrojaban al mar o a un río, a veces junto con una imagen del fallecido Adonis.

En nuestra ciudad podemos encontrar datos de la celebración de esta fiesta a finales del siglo III, fecha en que se coloca el martirio de Justa y Rufina en Hispalis. El ritual está conservado en la passio de las dos mártires hispalenses y el autor introdujo esta descripción sin poder ya interpretar correctamente lo que describía. Pero el contenido se remonta a una narración contemporánea y constituye el documento más importante sobre las Adonias.

Según el breviario de Ebora (III-V): “sucedió que, habiendo llegado un día al foso de esta ciudad (Hispalis) para vender vasos de terracota, unas matronas del lugar estaban exhibiendo allí un ídolo de piedra llamado Salambó y, siguiendo su costumbre según el rito pagano, mientras bailaban pedían donativos en honor y beneficio de su dios. Y así, habiéndose acercado a las santas mujeres, les pedían que les ofrecieran algún vaso en honor de su dios Salambó. Como ellas, siendo cristianas, se negaran y les hicieran ver que era inútil adorar a un dios de piedra, indignadas las matronas, arrojando el ídolo sobre sus vasos de terracota, lo destrozaron todo. Pero las religiosas mujeres, sin inmutarse por el perjuicio de la pobreza, antes instigadas interiormente por el espíritu divino, lanzando de nuevo el ídolo aún más lejos, lo hicieron añicos. A consecuencia de esto el gobernador Diogeniano mandó encerrarlas en la cárcel, como si hubieran cometido un sacrilegio”. Fueron martirizadas hasta la muerte.

El culto a Adonis se practicaba en grutas, lo que explicaría que los cadáveres de las dos santas se arrojasen a pozos, al igual que al final de las Adonias se arrojaban al mar o a fuentes la imagen del dios y los "jardines" de Adonis. El breviario de Ebora recoge, pues, un ritual de las Adonias, tal como se practicaba en Hispalis hacia finales del siglo III: procesión con danza y colecta con la imagen de Adonis; la procesión, encabezada por el gobernador, recorría el campo, acompañado por los fieles descalzos. Parte del ritual se celebraba en una gruta donde, al final, se arrojaban al agua de pozos muñecos que simbolizaban a Adonis.

El hecho de que estos rituales precristianos fuesen realizados por un grupo de devotos que procesionaban por las calles transportando a un ídolo al tiempo que se le cantaban trenos o canciones fúnebres, recuerda demasiado al rito cristiano celebrado durante los Santos Días. El ritual, al igual que ocurriría con otras fiestas originalmente paganas, pudo ser absorbido por la religión que prácticamente acababa de implantarse, adecuándose a los nuevos credos. El culto a Adonis tuvo que ser tan poderoso que el sincretismo alcanzó hasta la gruta donde se llevaba a cabo su rito en Belén, pasando a convertirse en el lugar donde, según la leyenda, nacería Cristo.

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